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En los últimos años, el concepto de productividad ha sido objeto de múltiples interpretaciones, especialmente en contextos laborales marcados por la digitalización. Si bien tradicionalmente se asociaba con la optimización del tiempo y los recursos, enfoques más recientes cuestionan esta visión reduccionista y proponen modelos que integran variables como el bienestar emocional, la sostenibilidad y la calidad de los procesos. Este cambio de paradigma no está exento de críticas, pero refleja una tendencia creciente a replantear los criterios con los que se evalúa el rendimiento profesional
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